Leyendas Urbanas poco conocidas (I): el hijo negro de Franco Baresi

Inauguramos sección en el blog de Günther Frager, con el absoluto convencimiento de que poco va a durar. La inconsistencia es, de entre todos mis defectos, sin duda el que más me molesta. Pero poco se puede hacer… es el "tedio" de Cioran, del que ya os hablé.
 
En fin, a lo que vamos, que son las 11 de un lunes y debería estar produciendo. Esta bonita leyenda urbana la conocí en uno de mis innumerables viajes a Bilbao. Lo que se aprende cuando se sale de casa, oyes!. La leyenda trata sobre el defensa internacional del Milan ya retirado Franco Baresi, rubio ojos azules, y su señora esposa, también blonda natural, y la mayúscula sorpresa que se llevaron ambos al ver en la sala de partos que su retoño recién nacido lucía una magnífica tez "café con leche". [Rectifico, la sorpresa se la debió llevar sólo él, no me fastidies, ella algo debia sospechar]. La cuestión es que tal accidentado parto coincidió en el tiempo con una no menos accidentada marcha del líbero holandés Frank Rijkaard del Milan al Ajax, sin que hubiera motivo deportivo alguno para dicha cesión. En otras palabras, Berlusconi, echándole un cable a su capitán, malvendió a la estrella del equipo para evitar que Baresi tuviera que hacer la reverencia cada vez que pasara por una puerta.
 
Como los aficionados al fútbol son iguales aquí, en Italia o en la China Popular, en cuanto saltó el rumor del "figlio nero di Baresi", entraron a degüello a mofarse del pobre Franco. En todos los campos la escena era la misma: "cienes y cienes" de ultras haciendo escarnio del defensa rival. Como cuando Michel le tocó los huevos a Valderrama o como cuando Guti estuvo saliendo con Bibiana Fernández: carnaza para el ultra. Además, para más inri, el Milan fichó ese verano al liberiano George Weah, negro como el azabache, y el populacho tuvo ahí la puya definitiva:
 
È arrivato Weah,
è arrivato Weah,
e Baresi è di nuovo papà
 
(ha llegado Weah (2) y Baresi es de nuevo papá)
 
Cierto o no lo del hijo negro, a Baresi se le vio llorar en varios campos de fútbol. Por eso dicha leyenda urbana merece ser recogida y recordada. Por si acaso es verdad… 
 
 
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